Si tu hijo está pasando por esa etapa en que trae uno de sus juguetes de un lado para otro, y no quiere soltarlo ni por un solo instante, debes saber que es completamente normal, sobre todo si está entre los cuatro meses y cuatro años de edad. La explicación es que, hasta ese momento, los niños no tienen absoluto control sobre el miedo a ser abandonados, lo que les impide desarrollar habilidades para socializar y empezar a ser independientes, por lo que establecen una relación especial con dicho juguete, al que llegan a ver como su amigo.




Cuando un juguete (o cualquier otro elemento) cumple la función de ayudar a un niño a afrontar sus miedos o cualquier otra situación que le genere malestar, es llamado por los especialistas “objeto transicional, de apego o de consuelo”.

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Estos objetos se vuelven tan importantes para los niños que son sus acompañantes durante la mayor parte del día (de noche ni se diga, pues se vuelven imprescindibles a la hora del sueño). Gracias a esta “compañía”, el niño puede controlar la ansiedad por separación que siente al despegarse de sus papás.

El término “objeto transicional” fue creado por el psicoanalista Donald Winnicott, y hace referencia a aquellos objetos que se ubican en un punto intermedio entre el niño y su entorno, por decirlo de alguna manera, ya que, sin formar parte del niño, evidentemente, tampoco son percibidos por éste como parte de una realidad exterior.

También es importante mencionar que no todos los niños cuentan con un objeto transicional en algún momento, ya que cada quien experimenta de manera distinta su proceso emocional. De hecho, en algunos casos se habla también de “fenómenos transicionales” que pueden sustituir a los objetos. Algunos ejemplos de ello son conductas habituales como chuparse el pulgar, acariciarse el pelo, tomar la mano de sus padres o no querer dormirse si uno de los padres no le canta una determinada canción.  

Éstas son algunas de las características de un objeto transicional:

  • Es elegido por el niño de manera arbitraria
    Por más intentos que hagan los papás de imponerle alguno en particular, el niño simplemente terminará decidiéndose por otro, sin importar que sea bonito o feo.
  • Tiene un olor especial
    Puesto que se trata de un objeto que el niño suele manipular constantemente, babear, arrastrar, dormir con él, etcétera, es lógico que tenga un olor particular y muy especial para él.
  • Es único
    A menos que sea el propio niño quien así lo decida, esa cobija, almohada, juguete o lo que sea, no puede transferir sus cualidades a otro. Por eso es importante que como papás le ayudemos a nuestro hijo a cuidarlo, ya que, en caso de que se extraviara, sería prácticamente imposible reemplazarlo.

Con información de: www.mibebeyyo.com.mx

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