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Los primeros años de una persona son determinantes en la adquisición de hábitos alimenticios (buenos o malos). Durante la infancia, por ejemplo, se definen muchas de las preferencias por ciertos sabores, se adquiere (o no) la disciplina para autorregular la ingestión de comida y se absorben muchas de las creencias sobre alimentación y actividad física que existan en la familia, por lo que el rol de los padres resulta fundamental en problemas como el sobrepeso y la obesidad.




Por otro lado, algunos estudios han demostrado la importancia de destinar tiempo suficiente a la comida (entre 30 y 60 minutos), ya que esto tiene una relación directa con el buen ambiente y la existencia de una interacción positiva entre padres e hijos. La ausencia de distractores durante la comida, como juguetes, televisión, teléfonos celulares o tabletas electrónicas, favorece enormemente las relaciones familiares. 

De acuerdo con la psicóloga infantil Rocío Ramos-Paúl, autora del libro Mi hijo no come, la alimentación juega un papel muy importante en los procesos de aprendizaje por los que atraviesa un niño.

“Adquirir un buen hábito de alimentación ayudará al pequeño a aprender otras costumbres, porque generará un esquema global de aprendizaje que le servirá para estudiar, a ser constante y a enfrentarse a nuevas situaciones”.

En relación con lo anterior, Rocío Ramos-Paul comenta que, para que un niño aprenda a comer debe seguir una rutina que posteriormente se convierta en un hábito. De ser posible, cada día debe comer a la misma hora, en el mismo lugar y de la misma manera. También es muy importante que el niño vaya desarrollando poco a poco ciertas habilidades para desempeñar esta actividad correctamente, como permanecer sentado, tomar bien los cubiertos y evitar ensuciarse.

También nos dice que es fundamental que los adultos generen hábitos saludables en torno a la alimentación, y da recomendaciones para ello son: que haya un mismo menú para todos, definir y respetar una hora específica para comer, no picar entre comidas y ser un ejemplo para los más pequeños comiendo bien y de todo.

Finalmente, señala la importancia de crear un ambiente armónico que incite a la convivencia, y darles a los niños una participación activa y responsable, asignándoles pequeñas responsabilidades, como poner la mesa. Finalmente, se recomienda que todos permanezcan sentados desde el inicio hasta que todos hayan terminado de comer.

Con información de: www.vanguardia.com.mx

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