Chuparse el dedo gordo forma parte de la fase oral del desarrollo del niño. La boca es la zona más sensible cuando son  pequeños, así que esta práctica la realizan tanto para explorar como para relajarse.

Alrededor de un 80% de los bebés se chupa el dedo, y suelen hacerlo desde los tres meses de edad hasta los cuatro años. Si continúan haciéndolo después de esta edad puede ser debido a que han desarrollado un hábito nervioso y necesitan de este recurso para calmar la ansiedad. Sin embargo, es importante intentar que el niño abandone este hábito antes de los 5 años, ya que puede producir malformaciones en el paladar o provocar alguna infección.

Para lograrlo se recomienda que los padres intenten distraerlo dándole objetos para que mantenga sus manos ocupadas. No se sugiere hacer uso de castigos o regaños, ya que esto solo consigue que aumente la ansiedad y refuerza el hábito.

También conviene hacerles ver las consecuencias y efectos que puede producir este hábito en su boca. Identifiquen los momentos en que se chupa el dedo con más frecuencia y sugiéranle comportamientos alternativos. Una forma de motivar al niño es utilizando un sistema de registro para marcar las horas que pasa al día sin chuparse el dedo y recompensarlo por ello.

Con información de: www.pulevasalud.com

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