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1. Por frustración o fatiga
Los niños suelen hacer rabietas por frustración. A los más pequeños les frustra, por ejemplo, que sus padres no entiendan lo que dicen; a los mayores, no entender las instrucciones para hacer su tarea.

En este tipo de situaciones, lo que tu hijo necesita es que le pongas atención y lo ayudes. Muéstrale que entiendes cómo se siente diciéndole algo como: “No te desesperes… es normal que al principio no puedas pero si te esfuerzas lo vas a lograr… si quieres te ayudo”. Es importante que elogies su esfuerzo.

También toma en cuenta que los niños hacen más rabietas cuando están cansados, justo porque tienen menos tolerancia a la frustración. Si es éste el caso, la solución podría ser tan simple como invitarlo a descansar.




2. Por llamar la atención o exigir algo
Cuando están pequeños, los niños recurren frecuentemente a las rabietas para obtener lo que desean, como que le compres algún juguete o salir contigo y en vez de quedarse con la niñera. En este tipo de rabietas es común que los niños lloren, pataleen, golpeen lo que tengan a su alcance y hasta se aguanten la respiración. Si esto ocurre, lo mejor es ignorarlo por completo, siempre y cuando no esté causando algún daño serio. No cedas a las demandas de tu hijo, ya que hacerlo sería transmitirle la idea de que puede conseguir lo que se le antoje mediante un berrinche.

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No trates de razonar con él. Incluso, si te es posible, déjalo solo un momento para que se dé cuenta de que no tiene quién lo escuche diciéndole algo como: “Estás muy enojado, así que te voy a dejar un momento hasta que te calmes. Me avisas cuando quieras platicar”. Una vez que se le pase el coraje puedes intentar hablar con él de manera amistosa y tratar de que todo vuelva a la normalidad.




3. Porque se niega a hacer algo
Evalúa si se trata de algo sin mucha importancia como para dejarlo pasar antes de que haga una rabieta. Pero si se trata de algo importante, como irse a la cama o prepararse para ir a la escuela, no dejes que se salga con la suya a través del berrinche.

Algunas veces es posible evitar la rabieta pidiéndole a tu hijo que haga tal cosa con anticipación, en vez de hacerlo cuando ya no queda tiempo para aplazarlo. Una vez que la rabieta ha empezado, déjalo que siga 2 o 3 minutos e intenta expresar con palabras su descontento: “Sé que quieres seguir jugando, pero ya es hora de ir a dormir”. Luego llévalo a la cama, ayudándole si es necesario (incluso llevándolo en brazos).

4. Rabietas destructivas
En ocasiones las rabietas son demasiado agresivas como para pasarlas por alto. En tales casos lleva al niño a su cuarto y hazlo permanecer ahí de 5 a 10 minutos. Algunos ejemplos de rabietas agresivas son:

* Tu hijo golpea a alguien
* Llora y grita durante tanto tiempo que llega a ser exasperante
* Lo hace en público, en un restaurante o en la iglesia, por ejemplo (en estos casos lo mejor es llevarlo a otro sitio por respeto a los demás).
* Arroja algún objeto o causa daños materiales




5. Rabietas en las que podría causar daño o lastimarse
Si tu hijo ha perdido completamente el control y grita desesperado, lo mejor es que lo sujetes para evitar que se lastime a sí mismo o a alguien más. Tómalo en brazos, dile que sabes que está enojado y ponle el ejemplo de cómo controlarse. Mantenlo en los brazos hasta que empiece a calmarse (tal vez te tome entre 3 y 5 minutos). No lo sueltes hasta entonces.

Sin embargo, si tu niño no quiere ser consolado y te rechaza lo mejor es que te alejes. Ya que se le pase, lo más probable es que quiera que lo cargues en brazos… es una buena manera de que todo vuelva a la normalidad.

¿Cuándo llamar a un profesional?
Si tu hijo se lastima o lastima a otros durante sus rabietas
Si las rabietas ocurren cinco o más veces al día
Si las rabietas ocurren también en la escuela
Si tu hijo tiene otros problemas de comportamiento
Si alguno de los padres tiene episodios de rabietas o gritos y no los puede controlar

Fuente: psicopedagogias.blogspot.mx

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