La primera experiencia social de un bebé la vive con sus papás. Y es a partir de esta relación y del vínculo que establezca con ellos, principalmente con la mamá, lo que le dará seguridad y confianza en sí mismo, y lo que le ayudará a tener éxito en sus relaciones futuras.

A partir del nacimiento, el bebé da muestras de su deseo por comunicarse: a través del llanto percibe que obtiene una respuesta por parte de su medio,  lo que pone en marcha el proceso de aprendizaje del habla, que se encuentra estrechamente relacionado con su desarrollo social.

También la sonrisa es un factor social importante, y los niños aprenden a hacerlo desde los primeros meses de vida, aunque al principio carece de significado social, pues aparece como un reflejo automático ante ciertos estímulos. Es a partir de los tres meses cuando el reflejo empieza a adquirir mayor significado en la vida del bebé, ya que empieza a prestar mayor atención a los rostros familiares, en especial el de mamá.

A partir de los cinco meses ya es capaz de imitar expresiones y reconocer con mayor facilidad la diferencia entre lo familiar y lo desconocido.

Es importante que desde los primeros meses haya una interacción entre mamá y el bebé por medio de pequeños diálogos, que mamá le hable o le cuente algo cuando lo esté cambiando, cuando le esté preparando la comida o dándole de comer, ya que esto le ayudará a ir entendiendo, poco a poco, que hay momentos para expresarse y momentos para escuchar.

Cuando le digas algo a tu pequeño espera un momento a que él responda con algún sonido; esto le hará saber que es escuchado y que es importante para ti, con lo que estarás motivándolo a que intente comunicarse y desarrolle habilidades sociales y lingüísticas. Es de vital importancia la estimulación afectiva que le des durante este periodo, ya que es un elemento esencial para empezar a socializarlo, lo que también dará paso a la empatía y a que empiece a tolerar la frustración, algo que se verá reflejado en sus futuras relaciones interpersonales.

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