La mayoría de las veces, la llegada de un hermanito genera en el pequeño sentimientos encontrados: desde alegría y emoción por tener con quién jugar, hasta sentir enojo y rechazo por él, ya que tendrá que compartir sus cosas y, sobre todo, la atención de sus papás.

Ten en cuenta que son sentimientos y emociones que tu hijo aún no logra identificar ni expresar de manera adecuada, por lo que podría empezar a mostrarse berrinchudo, desobediente, triste o regresar a tener conductas que ya había superado, como chuparse el dedo, querer mamila o pedir que le hagas todo. Ante ello, respira y recuerda que tanto tú como él/ella están pasando por un periodo difícil de adaptación al cambio por la llegada de un nuevo integrante.

Para empezar, ayúdale a reconocer sus sentimientos con preguntas como “¿Qué es lo que te molesta de tu hermanito? ¿Te enoja que llore demasiado? ¿Te enoja que tengamos que estarlo atendiendo?”

Por otro lado, es importante que reconozcas y valides sus sentimientos diciéndole cosas como: “Entiendo que te moleste oírlo llorar todo el día, pero él aún no puede hablar como tú y esa es la forma en que él se comunica y nos hace saber que algo le pasa o necesita”.

Date tiempo para estar solo con él para evitar que se sienta desplazado o que empiece a sentir rechazo hacia el hermanito menor. También es importante que lo involucres en los cuidados de su hermanito, pero no se lo plantees como una exigencia, o como si fuera su obligación; se trata de que se sienta tomado en cuenta sabiendo que puede cooperar.

Acepta la ayuda que él pueda darte y no le exijas que haga las cosas como tú lo harías, valora sus esfuerzos por ayudarte: “¡Gracias por ayudarme a cambiar a tu hermanito! ¡Él debe de sentirse feliz porque le estás dando su mamila!”.

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